La Dictadura de la Felicidad

Pintura hecha por Gustavo, a él no le gusta pintar sin pinceles, ni mesclar colores y mucho menos ensuciar sus manos con tempera .Pero tras explicaciones de la técnica y el porqué de su modalidad, Gustavo creó esto. Por otro lado esto significó una descompensación posterior ya que sus dedos quedaron llenos de tempera mezclada.Pintura hecha por Gustavo, a él no le gusta pintar sin pinceles, ni mesclar colores y mucho menos ensuciar sus manos con tempera .Pero tras explicaciones de la técnica y el porqué de su modalidad, Gustavo creó esto. Por otro lado esto significó una descompensación posterior ya que sus dedos quedaron llenos de tempera mezclada.

Hoy en día está muy patente el discurso de “vivir para ser feliz”. Nuestra meta como seres humanos es sentirnos felices y plenos en la labor que desarrollamos en nuestras vidas, pero quizás, solo quizás, hemos perdido el rumbo sobre lo que es ser feliz, hay tanta enajenación sobre lo que nos hace felices, como tener cosas materiales, hacer actividades socialmente impuestas como felices, que ya olvidamos lo que nos hace real y naturalmente felices.

Vivimos bajo la presión social de estar en un constante estado de felicidad, sin respetar ni valorar la importancia de las otras emociones, luchando constantemente por demostrar a los otros que tenemos o buscamos una vida feliz adoptando actitudes impuestas por una matriz ligada un sistema socio-económico neoliberal que nos dice que somos o no felices a través de cantidades, por ejemplo, tener el último aparato tecnológico, la ropa de moda, o subir estados y fotografías a redes sociales que representan un estado impuesto y autoimpuesto de una permanente y sistemática felicidad, entre otras manifestaciones de este fenómeno, que de una forma u otra todos lo vivimos. ¿Pero eso nos hace real y naturalmente felices?, en parte sí, porque nos sentimos activos y útiles en relación de la matriz, permitiéndonos vivir momentos felices, pero, ¿si esto no existiera en nuestras vidas? ¿Si relacionarse con otro no fuera tan esencial en nuestras vidas?, ¿dejaríamos de ser felices o sentir la felicidad?

A menudo olvidamos que vivimos en una sociedad diversa, donde estas matrices sociales dejan fuera un sector de la población que no es considerado, el cual tiene sus percepciones sobre cómo ver el mundo.

Dentro de este grupo de la población al cual me refiero, la felicidad y las demás emociones se viven sin matrices, sin pautas, sin mirar a los demás como referencia para mediar si lo que se está sintiendo es genuino o no, simplemente se siente, de formas únicas que a los ojos de los demás eso que sienten no debería llamarse felicidad, algunos le han otorgado el nombre de obsesión, fijación, una mala costumbre, maña o manipulación, por mencionar algunos, siendo que en la mayoría de los casos es sentirse felices.

A raíz de este tema viene a mí el recuerdo de una práctica en un primero básico, y sin imaginármelo, jamás pensé en encontrarme cara a cara con la felicidad, una felicidad tan distinta a lo que me habían enseñado, desaprendí lo que era la felicidad para poder comprender que esta no se adquiere, si no que todos la tenemos pero de diferente forma.

Conocí a Gustavo (nombre ficticio) en este primero básico, a veces estaba enojado, feliz, en un estado anímico indescifrable o simplemente indiferente al entorno. Comencé a observar los momentos donde parecía estar feliz, pero me era extraño que él fuera feliz haciendo lo que hacía, muchas veces lo vi ordenando su puesto prolijamente, dejando estuche, mochila y lápices en el mismo lugar todos los días, era casi una especie de rito, al terminar y sentarse se veía feliz, miraba sonriente su estuche y su cuaderno. Si algo desordenaba esta felicidad se iba, pero volvía cuando todo volvía a estar en su lugar; otra oportunidad, lo vi jugar solo en el recreo con piedras, se reía, las dejaba de lado y se ponía a correr en círculos por el patio, al sonar la campana y entraba a la sala volvía radiante, feliz. Y lo que me marcó y me motivó a escribir esto, fue que un día al llegar al colegio, él me recibe con un abrazo apretado, yo asombrada le pregunto- ¿Gustavo, que sucede hoy?, tía estoy feliz- y ahí fue cuando vi la felicidad brillando dentro de sus ojos, nunca antes la había visto así, tan tangible, y agradezco que fuera de esa forma.

Pero lo que me hizo sentido respecto a que vivimos en una felicidad impuesta, fue una situación que me hizo abrir los ojos, Gustavo estaba descompensado en el recreo, me acerque para ver si podía ayudarlo a salir del estado de angustia en que se encontraba, me acerco de frente, me agacho y le pregunto ¿Qué pasa Gustavo?, él me responde entre gritos y lágrimas que los compañeros no le dejan jugar con ellos; le pregunto ¿y por qué eso te da pena?, su respuesta fue que él necesitaba jugar con otros niños, porque le dijeron que jugar con amigos era divertido y eso era algo feliz. Con esta respuesta me di cuenta que él era feliz con otras cosas, otros detalles y que al verse forzado a adquirir esta matriz social sobre la felicidad, lo único que siente es frustración y pena por no poder lograrlo.

Él tiene 7 años y es Asperger, siento que en cierta parte él es libre de esta matriz social que nos tiene prisioneros, dando pautas de lo que es y no es, él es auténtico en su sentir, ¿y nosotros?, no lo sé, quizás debamos reflexionar si lo que hacemos nos hace auténticamente felices o estamos obedeciendo a una matriz impuesta.


Por Constanza Abarca Zamorano (Estudiante de 4to año Educación Diferencial, mención Problemas de Audición y Lenguaje UMCE) / Fotografía: Constanza Abarca. (Pintura hecha por Gustavo, a él no le gusta pintar sin pinceles, ni mesclar colores y mucho menos ensuciar sus manos con tempera .Pero tras explicaciones de la técnica y el porqué de su modalidad, Gustavo creó esto. Por otro lado esto significó una descompensación posterior ya que sus dedos quedaron llenos de tempera mezclada.)

 

 

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