Con el cuerpo internado

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“Quiero besarte los ojos

y tragármelos

como las ostras a las perlas

para que me mires por dentro

y cachí que no soy de acero”

-David Añiñir, poeta mapurbe.

Fue un día especial, distinto. Partir hacia un viaje del que apenas tenía certeza geográfica – me dijeron que quedaba por Los Ángeles hacia la cordillera- me iniciaba en un rumbo de sensaciones de rareza, intangibles, más bien de la guata. Al cambiarnos de bus, camino a Callaqui, y luego de haber caminado una hora bajo la lluvia –como viles gentes de ciudad- esa incomodidad se tornó dolor de cabeza, garganta y huesos, lo que me significó convertir estos sentimientos desconocidos en algo más concreto, parecido a una gripe incipiente, dolorosa.

Fue así como llegué, con un dolor físico y algo más, al Internado Lingüístico de la Comunidad de Callaqui, ubicado en el Territorio del Puel Mapu -Alto Bío-Bío es el nombre winka- organizado por estudiantes y jóvenes mapuche, en el marco de un interés fehaciente de esta comunidad, y de otras, por revitalizar, dignificar y propalar la cultura de este pueblo, del que, como personas que habitamos este pedazo de tierra, tan poco sabemos.

La idea no es, por tanto, apropiarse de esta cultura en un sentido politiquero-panfletario que se resuelva en modas y situaciones esporádicas, si no que la apertura de un canal de comunicación que, de una vez por todas, permita mirarnos, los unos a los otros, como lo que somos. En una palabra, conocernos. Algo tan básico, elemental y a la vez absurdamente lejano. La conciencia por el otro, por quien vivió y VIVE hace tanto en este mismo lugar –este paralelismo puede parecer absurdo para quien habla desde términos de progreso y superioridad moderno- y a lo que, por último, debemos mirar para comprender especularmente quienes somos nosotros. Pero no, nada de esto. Suena absurdo. Suena triste. Deprimente.

Ahora bien, en este espacio me encontraba, sumándole mi situación penosa (que terminó con un pinchazo de penicilina) cuando comencé a vivir –o, más bien, concientizar- en qué estaba. Dónde. Cuál era mi función allí. Claramente, no era hablar.  Y me entrometí, a manera de un ser viviente (ente) totalmente desprendido de su anterioridad, en un proceso de escucha, escucha, y de escucha.  Fue una de las cosas más maravillosas.  Pocas veces se puede hablar en hipérbaton sin caer en la exageración banal, siendo no muy bien estimado. Pero esta instancia lo merece, una instancia que se sale de la dimensión lineal, cronológica, moderna.

En este espacio, en el que la rigurosidad, la constancia, la entrega y el respeto funcionaron como pilares, pude experimentar sentimientos que pensaba extraviados. La gente, muchos de la warria (ciudad), tenía otro matiz, otro color. Estábamos unidos desde otro punto.   Un punto negro en la historia de un estado fundado sobre el odio y la visión aplastadora de triunfo y dominancia única, que ve al otro –el otro original, ese que vivía en el mapu- como un inferior. Lo estábamos borrando, se puede borrar. Estábamos cambiando el curso de una “historia país” que sigue aplastando a estos seres inferiores, que con su capacidad de organización, tan lejos de la jerarquía occidental, dan tanta clase en términos de fortaleza y verdadero heroísmo. (Aunque no debería ser necesario recurrir a los mismos términos, añejos y simbólicos).

Era un internado lingüístico, es verdad, y aprendíamos desde las 9 de la mañana gramática, lengua cotidiana y ülkantun (cantos), pero además teníamos espacios de conversación (nütram), de compartir el conocimiento y sabiduría (kimün), de valorarnos como personas, de acercarnos. Al levantarnos todos, naturalmente, nos saludábamos con aprecio –Mari Mari lamgen (Hola, hermana/o) -¿Chum leymi am, lamgen? (¿Cómo estás, hermana/o?) –    ¡Kümelekan, lamgen! (¡Estoy bien, hermana/o!). En esos momentos, si bien pude expresar mi sentir, me comuniqué además con mi cuerpo. Mi voz no me estaba acompañando, me dejó al amparo de mis otras posibilidades. Mis ojos, mis manos, mi corazón (Tañi pu nge, tañi pu kuk, tañi piuke) tuvieron su espacio y se presentaron como fórmulas protagonistas, los utilicé como nunca y me regocijé en aquella entrega, en aquel intercambio limpio y verdadero. Fue un flujo de sensaciones. Fue como nunca. Y también como un inicio de un proceso que involucra replanteamientos, cambios, avispadas y aprendizajes vitales. Agradezco así, con cada pelo, palpito y músculo, cada minuto de aquellos días, cada mirada, cada reencuentro, como un símbolo que nos entrega – si bien, rasgado, herido y con un recuerdo traicionero- la posibilidad de un futuro diferente, que debe ser construido hoy, paso a paso.  (Otra de mis teorías de mi afonía tiene que ver con el castigo simbólico que la mapu aplicó luego de tanta habladuría sin sentido y reproductivo, como shock físico de un proceso espiritual, parecido a una cachetada, en fin).

 

Invito a todos los lamgen a abrir sus posibilidades de vida, a entender que la warria es un espacio construido en beneficio de unos pocos, no habitable por seres que buscan felicidad, la de verdad. Cansarnos de las injusticias cotidianas, de la violencia hasta más mínima, de la repetición de ese modelo que aplasta y utiliza. Esa búsqueda puede llevarnos a entender otros modos de vida, otras luchas tan distintas profundamente conectadas con la Tierra (Mapu), el Agua (ko), las Aves (üñum), con otros espacios celestes -Wenu Mapu, Wente Wenu Mapu- y a la defensa de ello como única posibilidad de existir, de vivir con sentido.

¿Qué sentido tiene trabajar encerrado y llegar a tu casa cansado/encerrado, sin conocer lo maravilloso que tiene este planeta para nosotros? ¿Qué sentido tiene si aportamos además en su destrucción como sujetos pasivos e inmóviles?

Quizás, si cayéramos en el nulo sentido de todo, y comparáramos las formas de pueblos naciones originales de ver la vida, empezaríamos por no sentirnos tan superiores. (Y fácilmente, sentirnos lo contrario).

Bueno, y para finalizar iniciando, debo recalcar mi convicción de que en cualquier proceso de aprendizaje, el lenguaje es el camino. Intentémoslo, con una palabrita diaria aplicada podremos plantar la semilla de un árbol con grandes raíces. También está la música, la literatura, que siempre acompañan procesos de reconocimiento… Es cosa de abrirse.

Por ahora, esto es todo. Chaltu May! (Gracias!)

 

Para iniciar tu vocabulario te recomiendo esta linda página didáctica

http://kmm.cl/

Facebook: https://www.facebook.com/kimeltuwe/?fref=ts

Para conocer más sobre el Internado te dejo el link del video

https://www.youtube.com/watch?v=TlKRvaLy5lw

Para escuchar música en mapudungun te dejo los videos de

Beatriz Pichimalen

https://www.youtube.com/watch?v=CcC3utL5aoc

Luanko, Minuto Soler

https://www.youtube.com/watch?v=v6x5ZfR6dsU

Felipe Pürran Pichinao

https://www.youtube.com/watch?v=vzhyPIJK1ug

Lorenzo Ayllapán (Hombre pájaro)

https://www.youtube.com/watch?v=qDieRwZtjZk

 

 

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Por Daniela Schönffeldt Ayala  

 

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