El acordeonista en fuga

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Soy Oscar Sancho González, acordeonista y exalumno de Pedagogía en Castellano. Comencé con la música a la edad de los 8 años de un modo totalmente experimental y autodidacta. Recuerdo estar sentado todo el día frente al equipo de música tratando de sacar la melodía de 31 Minutos en mi flauta de cuneta, intentando que sonara igual. Cuando le daba a la nota correcta era una sensación única, entre placer y entusiasmo, como estar disfrutando una buena conversación, sin tener idea de lo que se está haciendo en realidad.

Después de pasar por el piano, instrumento delicado no apto para manos de tronco, y luego de tener una relación algo complicada con la guitarra; un día, vagando por Youtube, descubrí a Pascuala Ilabaca, una música/acordeonista de Valparaíso y mi amor platónico heterosexual. Mientras veía el video, quedé consternado con la inmensa maquinaria que colgaba de sus hombros, con miles de botones, todos iguales, con un fuelle que no entendía por qué se abría o cerraba, mucho brillo, y más y más botones arriba del teclado. Impresionante.

Desde ahí comenzó la fascinación por el acordeón, la motivación de tocarlo y las ganas de aprenderlo a la perfección. Ganas que a finales del año pasado no supieron salir con mesura y hacer que abandonara la carrera. Fue una decisión difícil para mí y mi familia; lo venía pensando desde el día que entré a la universidad y ya estaba atareado tratando de convencerme de que lo que estudiaba era lo mío, que la música era solo un hobbie y que era bueno tener un cartón para validarme y tener un buen futuro… Patrañas.

Converso con mi hermana, que va en 2° medio, y me comenta que por qué tiene que estudiar Matemáticas si nunca en su vida va a ocupar un cuadrado de binomio… Le encuentro toda la razón; no específicamente por el súper cuadrado de binomio -creo que el ser humano tiene que ser integral y saber de todo- sino porque en el colegio donde está, en el sistema educativo donde está, no le enseñan a tomarle sentido a las cosas, es aprender por una nota (que si uno se va al cerro no vale nada), aprender por obligación sin entender cuál es el posible significado que puede tener para la propia vida. Quizás (no tan quizás) sea el plan maléfico que nos dejó el sistema educativo de la dictadura, en donde había que acatar, callar y no pensar, práctica que se arraigó tanto en la cultura escolar y académica que hasta hoy en día sufrimos sus efectos.

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Es lo que me pasó al momento de elegir la carrera. La modernidad, la sociedad, la escuela, las antiguas generaciones se encargan de insertar voces sin sentido y arbitrarias en uno a tal nivel de subconsciente que incluso las llegas a confundir con las tuyas y te hacen tomar decisiones que en realidad van en tu contra. Ojo que, por esas cosas de la vida, jamás me arrepentiré de haber entrado al Peda <3. Fue un viaje hermoso, de descubrimiento de personas valiosas y de autodescubrimiento; las cosas maravillosas que aprendí jamás nadie me las sacará de la cabeza y no necesito un título para saber que las sé. Pero de todas formas, ese autodescubrimiento pudo haber ocurrido en la Enseñanza Media, en la etapa donde uno forma su personalidad esencial y no haber acallado la voz interna mientras el sistema castrante la aplastaba y metía la suya.

Pese a lo anterior, ya con mi voz propia en la garganta y en los dedos, veo el futuro con optimismo. Hace poco fui a Linares al X Encuentro de Acordeonistas Chilenos a tocar a un público inmenso y luego a un asilo ancianos. De alguna forma fue una reafirmación de mi decisión y una muestra de lo que me depara la vida con la música, que es nada más y nada menos que pura belleza. No importa dónde, no importa cuándo, no importa por qué, la música es belleza en cuanto es arte y ese el axioma que prima en mí en esta etapa. Se puede abarcar temas tanto amorosos como políticos, pero siempre absorto en y entregado a la belleza. Y lo más entretenido de todo es que uno mismo puede configurar sus propios parámetros de belleza si es que ya se encontró la voz propia, así que ese es el consejo en Armonía de Ritmos hoy: encuéntrese a sí mismo y sea bello en función de lo que encuentre.

 

 

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Texto: Óscar Sancho González

Fotografía: Matías Álvarez  { matiasalfareyes@gmail.com }

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1 Comment on "El acordeonista en fuga"

  1. Te amo!

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