Libera(te), respeta(me), ama(me)

We All Can Do It!

 

“Mujer fue brutalmente agredida…” “Joven brasileña fue violada por 33 hombres…” “Le sacaron los ojos…” “Joven agredida sufre un aborto…” “Nuevo femicidio en…” “Hijo asesina a su padre defendiendo a su madre”… ¿Te parece “normal”? No, no es normal. Pero, lamentablemente, se ha transformado en algo cotidiano, de casi todos los días.

Hemos llegado a un punto crítico. El caso de Nabila creo que terminó por remecer nuestras vidas. Me puedo estar equivocando pero varias quedamos con la boca abierta frente al televisor, celular o computador mientras escuchábamos o leíamos la noticia. Hoy, Nabila está despertando paulatinamente del coma inducido. Hoy, Nabila aún no sabe qué pasó. Hoy, Nabila no sabe que tiene dos desgarros, uno anal y otro vaginal, producto de las violaciones que sufrió. Mañana, Nabila tendrá que comenzar una nueva vida; vida que estará marcada por las marcas de la violencia, del machismo, del patriarcado, del sentido de propiedad, de lo brutal. Nabila es el reflejo de una sociedad enferma. No es sólo la estupidez de un hombre. Es el mal endémico de una sociedad que naturaliza y se acostumbra de las relaciones de poder, de aceptar (casi como obra divina) que hombres y mujeres no somos iguales.

Y pucha chiquillos heterosexuales, no es sólo que no peguen, maltraten o sean violentos con las mujeres. Es un cambio mayor, es un cambio que vincula lo cotidiano y el cómo se relacionan con el género opuesto. Tú, campeón, que se agarra a las minits en el carrete y se jacta de la excelente noche que tiene, que compara a sus ex con la actual, que valora y mide a su pareja según su poto o sus pechugas, que se llena la boca diciendo que se tira a su mina todos los días, de que mira a la chiquilla que anda en bicicleta (diciéndole a sus amigotes igual de campeones: miren a las 45), que encuentra rica a su compañera de trabajo y que la valora por su cuerpo y no por su intelecto, que pela a su mujer, amiga o compañera cuando sube de peso. Tú, campeón, eres violento igual como el estúpido que mata a una mujer. Eres igual porque el respeto hacia a una mujer es desde lo cotidiano. ESA es la única forma de hacer la diferencia, cortando el vejamen hacia la mujer, respetando su cuerpo, su integridad, sus sueños y su sonrisa.
Porque chiquillos no pueden tener como líder de opinión a un hombre que se atreve a insinuar y responder que él prefiere a las bonitas pero tontas antes que una inteligente pero fea.

Y, chiquillas, nosotras también podemos hacer la diferencia. Que no se nos olvide. Porque para construir este Chilito distinto, es necesario que todos y todas cambiemos nuestras prácticas cotidianas. Porque asumir que siempre fue así, no quiere decir que está bien, que es correcto. Porque los niñitos no tienen que vestir de azul ni las niñitas de rosado…

 

La única forma de hacer una educación no sexista en nuestras escuelas es cambiar nuestro vocabulario y forma de expresarnos, porque el lenguaje crea realidades…

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