Formación de las Educadoras de Párvulos: El Eslabón perdido en el Sistema Educacional Chileno

La educación de niñas y niños en sus primeros años de vida es esencial para formar la base y trayectoria de habilidades coexistentes y futuras y para la construcción de su forma de pensar, sentir e interactuar con los demás; escenario en que la Educación Parvularia juega un papel sustancial como ciclo educativo, por tanto, debe continuamente evaluar los procesos que desarrolla, con el fin de construir constantes mejoras en pro de sus aprendizajes.

Pues en ese escenario, la figura de la Educadora de párvulos resulta imprescindible como líder de los procesos pedagógicos. Así lo confirman las Bases Curriculares de la Educación Parvularia al destacar el rol que cumple: “las educadoras de párvulos tienen el rol de liderar el proceso de enseñanza-aprendizaje, planificando, implementando y evaluando el trabajo educativo en todos sus aspectos (…) Junto con esto promover con otros profesionales, Técnicos de Educación Parvularia y colaboradores de su centro, jardín o unidad educativa, la conformación de un equipo de trabajo para reflexionar, diseñar y evaluar la implementación de estas bases curriculares” (MINEDUC, 2002, pág. 15). Por tanto, la labor realizada por la Educadora de Párvulos juega un rol crucial, tanto en el aprendizaje en sí de los párvulos, como también en la conformación de las comunidades educativas y el trabajo específico de cada uno de sus integrantes.

Ahora bien, debido a los acontecimientos de hoy en día, desencadenados por la pugna entre docentes y el Gobierno con su Carrera Docente, se ha puesto en el tapete la formación que éstos reciben; no obstante, existe un mutismo sobre la formación que las educadoras de párvulos reciben en establecimientos de educación superior. El Gobierno se ha puesto la meta de dar cobertura a todos los niños y niñas de Chile a acceder a la Educación Parvularia, e inmediatamente surgen varias interrogantes: ¿Cuáles serán las condiciones para cumplir una educación parvularia de calidad?, ¿las educadoras de párvulos están dotadas de competencias profesionales para asumir los desafíos propuestos por el Gobierno?, ¿Existirá coherencia sobre los contenidos teórico-prácticos de las educadoras de párvulos y la realidad nacional acerca de los niños y niñas?. Si nos ponemos extremistas, dichas interrogantes surgen por dos motivos: que evidentemente la Educación Parvularia funciona de manera notable, asegurando aprendizajes de calidad a los educandos; o simplemente no se ha tomado el peso de lo que conlleva e implica la educación en los primeros años de vida.

Si nos remontamos hacia un tiempo atrás, en el siglo XIX específicamente, con la llegada de influencias educativas de la “Escuela Nueva” (Rosseau, Pestalozzi, Montessori), y en especial relevancia de Federico Froebel, con su obra “Educación del Hombre” (publicada en 1826, y que devela la importancia de aprender mediante el juego), instalándose así las primeras experiencias formales de Educación Parvularia, con la creación de Kindergartens fiscales. En 1944, la Universidad de Chile funda la primera Escuela de Educación Parvularia, cuya propuesta pedagógica radicaba en la formación de educadoras de párvulos con bases filosóficas y psicológicas, además de ejecutar prácticas profesionales en contextos vulnerables. A partir de ahí, se generaron políticas públicas que beneficiaron la Educación Parvularia, como el primer Plan de Estudios que orientaba a las Escuelas de Párvulo, y la Junta Nacional de Jardines Infantiles, entre otras. Sin embargo, con la llegada de la Dictadura Militar, la situación cambió drásticamente. Es sabido que con la Reforma Educacional de 1981, provocó la municipalización de liceos y colegios, destrucción de universidades públicas y subvención. Junto con la intervención de la Universidad de Chile, llegó la explosión de Instituciones de Educación Superior privadas- universitarias y no universitarias-, se amplió la oferta académica; no obstante, conllevó a la creación una gran heterogeneidad de los programas ofrecidos, planes de formación totalmente desconectados de la realidad nacional e internacional, enfoque escolarizado de la Educación Parvularia, entre los más principales.

¿Y qué implicancia tiene lo mencionado anteriormente con la formación de educadoras?, pues tipos de organismos educacionales calificados y no calificados empiezan a formar agentes educativos para la primera infancia, debilitándose el “saber pedagógico”, si consideramos que existen establecimientos de educación superior que no están acreditados. Como ejemplo, podemos ver que en algunas universidades e institutos profesionales, por medio de sus mallas curriculares y perfil de egreso otorgan una visión asistencialista, o también escolarizada de la Educación Parvularia, y, en caso que sea todo lo contrario, ejerce la “mano invisible” del Currículum Oculto, entendiéndose como “poderoso conjunto articulado de mensajes implícitos, por el cual el sistema escolar y sus instituciones tienden a entregar particulares representaciones, visiones e interpretaciones del conocimiento escolar” (Cabrera, 2011, pág. 49) conformando un modo de expresión de sesgos, prejuicios, discriminaciones y estereotipos, bajo los cuales subyacen determinadas orientaciones ideológicas. Y, lamentablemente, eso se ve reflejado en el despliegue de prácticas pedagógicas, producto de la formación.

De acuerdo a lo expuesto, si bien la Educación Parvularia afortunadamente cuenta con un Marco Curricular Vigente como los son las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, y los Estándares de la Educación Parvularia, se hace fundamental revisar y refundar los contenidos y materias que reciben las educadoras de párvulos en su formación, unificando los saberes pedagógicos y demás disciplinas orientadas a un mismo objetivo , materializado en investigaciones o estudios enfocados en la Educación Parvularia, para determinar las fortalezas y debilidades de éstas. Además, contar con un sistema de evaluación de carácter integrado, colaborativo y no punitivo (como lo es la prueba Inicia y la Evaluación Docente). Pero para ello no podemos avanzar en dichas líneas de acción si no hay un cambio coyuntural y trascendental en el Sistema Educacional Chileno, eliminando todo vestigio neo liberal y competitivo, a acercándonos a uno de colaboración e inclusión.


Por Silvia Rojas (Estudiante Pedagogía en Educación Parvularia con Mención en Educación Comunitaria UMCE) / Fotografía: Camila Gutiérrez (Estudiante de Pedagogía en Artes Visuales UMCE)

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