La diversidad, al igual que la comuna de Renca “la lleva”, es un tema en el cual todos podemos opinar y aporta puesto que hoy hablar sobre diversidad nos es algo natural, con lo que convivimos.
Poco a poco el respeto a la diversidad se ha ido plasmando en los discursos de todo tipo (exceptuando en algunos planos en donde la diversidad es vista una abominación o castigo divino, no es necesario dar nombres). A raíz de esto me surge una inquietud, cuando nos referimos a la diversidad ¿A qué diversidad nos referimos?, ¿A esa que vemos en la tele donde una persona de piel color negro y una colorina se toman de las manos y de fondo suena una canción de los Beatles? ¿O a ese concepto de diversidad en donde salen los diversos tipos de parejas existentes (lo cual es bastante escaso, pero ha sido utilizado para plasmar y encerrar la diversidad en eso)?. Y así muchos clichés sobre diversidad que nos han llevado a ser una sociedad segregadora, pues el hecho de plasmar la diversidad como lo fuera de la norma, que en un afán casi altruista, respetamos con el fin de no dañar a las personas que no cumplen con la norma.
Lo curioso es que la diversidad va más allá de ser algo diferente a la norma o algo que es poco común, la diversidad va en el SER, en lo que vamos construyendo cada uno según lo que vivimos, eso es la diversidad y tener respeto a esta es respetar toda forma de vida, toda dinámica existente, todo aspecto, toda opción elegida, sabiendo que lo que vemos reflejado en estas opciones son el resultado de un conjunto de vivencias personales. Es por esto que la diversidad se compone por todos y todas, nadie es NORMAL ni nadie es DIFERENTE, somos parte de un estructura dinámica a la cual llamamos SER.
Pero lamentablemente estos clichés nos llevan a estar en una sociedad que segrega a la diversidad, una sociedad que está prisionera en una jaula de normalidad construida con el estereotipo de normalidad al cual todos consciente o inconscientemente buscamos llegar. Entre más normal seamos mejor considerados somos, viéndonos en la obligación de no demostrar las diferencias que podemos tener entre nosotros, ¿Por qué esto? ¿Qué hay de malo en no ser iguales? ¿Cuál es el conflicto frente a pensar diferente?
Estamos inversos en un sistema educativo que no naturaliza la diversidad y mucho menos es capaz de contenerla, si bien siempre existen casos aislados en donde esta puede fluir con naturalidad, no es lo habitual. Es por eso que es necesario hacer el ejercicio de reflexionar, desde cómo vemos o significamos el concepto de diversidad hasta ponernos en el lugar del otro y comprender su forma sin compararla a una norma impuesta.
Cuando se comience a educar desde la diversidad y no a adaptar el currículo para incluir la diversidad dentro de su rigidez, se verá la naturalidad de la diversidad y cómo esta es parte de ser, de lo que somos.
Mirar desde la diversidad lo que nos va a llevar al cambio que la sociedad necesita, donde el respeto por el otro prima.
Por Constanza Abarca Zamorano, estudiante Educación Diferencial.

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