Llegó septiembre. Mes sinónimo de alegría, jarana, flores, calorcito… pero por qué no decirlo, sinónimo también de dolor, muerte y desarraigo. Siempre me quedo con la sensación de que septiembre es un mes que te deja un sabor agridulce en la boca (no solo por la caña post terremotos y empanadas), sino porque lo encuentro un mes con una alegría / festividad falsa, llena de maquillaje que busca ocultar nuestra realidad. Lo primero: celebramos (me incluyo, si igual aprovecho los días de descanso) “La Independencia de Chile”, cuestión que nunca fue en septiembre. Piñera engañó a medio Chile con sus celebraciones del Bicentenario, con su bandera gigante que no flamea y con sus bailecitos de cueca tiesos. Lo que se celebra el 18 de septiembre, no es la Independencia de esta larga y angosta franja de tierra. Solo se conmemora la primera Junta de Gobierno, donde Mateo de Toro y Zambrano junto con sus amigos criollos, se les ocurrió manifestar su desagrado frente al reinado de José Bonaparte, mostrándole su apoyo de esta forma al Rey abdicado de España, Fernando VII. En ningún momento el señor Mateo y sus amigos (imagínense un Horst Paulmann con sus amiguitos empresarios y políticos) pensaron en no ser parte de la Corona Española. Que después la cosa tomara otros tintes, es harinita de otro costal. Y los medios de comunicación nos creen tan pelotas que nos dicen: “Celebremos los 205 años de vida independiente” Mentira. Segundo: se baila cueca… ¿Usted de verdad cree que las mujeres campesinas andaban con esos trajes aparatosos, llenos de blondas y falsos? ¿Usted cree que un huaso (the real Huaso) usaría un sombrero con alas rectas el cual ni siquiera lo protege de la lluvia en un mes donde el invierno aún se siente? ¡Por favor! Esto también es parte de una construcción, en donde se intenta hacer la figura del “chileno y chilena” de antaño algo más refinado, más de élite, más bonito a la vista. Ese huaso que tenemos en nuestra memoria le queda bien a un Piñera con una Matthei, pero no es por nada del mundo la representación del hombre y la mujer del campo chileno. Tercero: Nunca se recuerda que en 1541, un día 11, los mapuche destruyeron la recientemente fundada ciudad de Santiago. Este día, la gente de la tierra liderada por Michimalonco hicieron leso a Pedro de Valdivia y se aprovecharon de su ausencia. De esta forma destruyen casi la totalidad de la capital. Lo curioso es que nunca recordamos este hecho y casi no es mencionado en las escuelas ni en los libros de estudio. Debe ser porque normalmente nos creen pelotas y tratan que nos olvidemos de que los españoles llegaron a estas tierras apropiándose de este espacio y subyugando por la fuerza al indígena libre. Lo indómito del pueblo mapuche se ha manifestado muchas veces, pero esta experiencia es digna de recordar en este mes tan especial. Cuarto: Se nos olvida que septiembre es un mes crucial para nuestra historia actual. Se nos olvida que para muchos de nuestros compatriotas este es un mes marcado por el dolor. Y que este noveno mes es tanto clave para comprender parte de la disconformidad de estos últimos años como también para entender la falta de confianza en la clase política. El Golpe de Estado del día 11 no es cosa menor. Es el quiebre de una sociedad. Es un antes y después en cómo es entendida nuestra educación, nuestra política, nuestros derechos, nuestra economía, nuestra alegría, nuestras riquezas, nuestra vida… Porque antes del 11 “la felicidad de Chile comenzaba por los niños”, pero ahora parece que la felicidad de Chile no comienza en ningún lado, es como si el cansancio y la amargura reinara en nuestros rostros. El 11 hoy lo tapamos con un bono de aguinaldo (bien igual por los abuelitos que tendrán 17 luquitas más en su paupérrima y vergonzosa pensión, resultado también del post 11 de 1973), se tapa con la prensa amarillista y sensacionalista, la cual solo nos muestra las barricadas, buscando que nuestra memoria se atrofie aún más… Sin embargo, me causa vergüenza y angustia que aún algunos “honorables” diputados tengan la desfachatez de señalar que los verdaderos héroes de la patria están en Punta Peuco… ¡¿hasta cuándo?! Creo que un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro, no podemos tapar con un dedo lo que pasó, hay que aprender para que realmente nunca más en Chile por lo menos un tercio de la población viva la muerte, desaparición o desesperación de hace 42 años atrás.
Entonces, cómo no querer más de los septiembres… No es malo celebrar, no es malo divertirse y claramente no es malo aprovecharse de estos días festivos. Lo malo está en no recordar y ser ciegos, lo malo está en hablar de chilenidad solo dos o tres días, olvidándonos de lo que pasó días anteriores. Al prender la televisión en estos días, nuestras vidas ya tienen un nuevo dios, el cual nos habla de una falsa independencia, puesto que hoy no somos libres de nada, estamos sujetos a un sistema neoliberal que controla gran parte de nuestro tiempo. Ese dios te invita a contratar un crédito de consumo en un banco con un pato que habla para que festejes con más ganas, te invita a emborracharte y a consumir kilos y kilos de carne. Ese nuevo dios nos habla de días de gozo y festividad, cuando existe un número importante de familias que vive en campamentos, donde nuestros jubilados tienen un sistema de pensiones que los hunde en la miseria, donde el sistema de salud no funciona y nuestros enfermos se mueren esperando atención… Se festeja un país que se cree el jaguar de Latinoamérica, pero que tiene una memoria de hormiga. Porque yo quiero más. Yo Quiero que las Amandas, las Amelias, los Gabrieles, los Martines, los Juanes, las Sofías, las Anaís y todos los niños y niñas que nazcan y crezcan en este país se formen con memoria, identidad y que conozcan la tierra en la que viven. Quiero tener una educación pública, laica y de calidad. Quiero que las mujeres podamos abortar con libertad y que nosotras decidamos sobre nuestro futuro. Quiero que los políticos ganen menos. Quiero que se esterilicen a los perros. Quiero que se respete a los pueblos originarios. Quiero que mis hijos crezcan libres. Unámonos en este camino de querer más. Unámonos en este camino de construir a partir de la felicidad, la memoria, el respeto y el amor.

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