La universidad y todos los aspectos que abarca (académicos, sociales, económicos, políticos) incrustados en la realidad chilensis no es para todos. Suena feo, cruel, excluyente, retrógrado y parte de un discurso que perfectamente encajaría en el siglo pasado –o pasado al siglo pasado- pero es la verdad. Y no solo es excluyente en su método de ingreso, que mide el instante y no la predicción de la vida futura de la persona, tal como una fotografía de un joven que, lleno de talentos y experiencias cotidianas influyentes, sabemos lo maleable y admirablemente cambiante que puede ser. Ni en su nivel económico, con una de las cifras más altas del mundo. También lo es, recalcando la primera línea, en su variable social y política. Y de esto somos parte todos los que estamos dentro de ella, los que, a través del tiempo, hemos ido conformando y creando una comunidad estudiantil que, quizás sin quererlo, excluye. Sí, lo indirecto también es forma de acto, lo no verbal también es comunicación. El estar por estar o por salir rápido de una carrera para cumplir también expresa algo, y excluye. Y hablo de una realidad presente en el aire, que huele a tedio e inmovilidad, que muchas veces opaca las ganas de algunos pocos por el hacer. Es cierto, el problema es de arriba y está impregnado hasta el cuello en lo legislativo y en los ojos con signo peso de muchos que se negarán hasta sus últimos días por cambiar el sistema educativo-económico, pero, qué pasa con nosotros, con la masa inserta en estos centros. ¿Estamos siendo una comunidad responsable con sus necesidades urgentes de cambio? Realmente nos interesa o estamos tan hastiados, porque no ocupados, que lo único que nos importa es correr al paradero de Grecia. Somos egoístas. A veces vamos a marchas, o también apoyamos el paro y rallamos una pancarta y subimos la foto a Facebook para apoyar a nuestro ego, y qué. A quién ayudamos con eso, más que a nuestro orgulloso pecho inflado picado a guerrillero. Eso podría ayudar, si hubiera algo más. Pero lo demás no es, no pasa y si pasa es solo en el subconsciente de nuestros sueños más recónditos que nos hubiera gustado hacer. Pero no, qué paja. Entonces, tal como diría Buda – o quizás lo dijo Juan Pérez en la micro- “Todos los actos incorrectos vienen de la mente. Si la mente cambia, ¿cómo podrían permanecer esos actos?”.
Somos nosotros los que debemos cambiar, despabilar. Estamos dentro, sí, es una mierda en muchas formas, y entonces ¿por qué eso no es motivo para hacer algo? ¿O vamos a esperar que la reforma bacheletiana lo haga?
Es cierto, los temas estudiantiles deben ser finalmente conversados, analizados, firmados y en muchos casos abolidos por gente de altos mandos a nivel ministerial y tras mucha burocracia, pero si algo tiene que pasar primero para que eso tenga peso es un cambio interno, personal, metafísico o como quieras llamarlo.
Si nos nutrimos como personas, como compañeros, si nos conocemos, si comunicamos nuestras convicciones, nuestros anhelos más profundos, si nos detenemos a mirarnos y a mirar al de al lado, quizás realmente comencemos a hacer algo. Las grandes ideas, los lindos momentos, los proyectos y la formación humana parten con cosas simples. O acaso al conocer a tu pareja –perdón el ejemplo- vino alguien a firmar un decreto de cómo debía ser esa relación, alguien hizo una investigación o estuvo ahí para reglamentarlo, o lo tuvieron que ver en el camino. Por favor, el matrimonio y el papeleo, si es que viene, es mucho más tarde. Y no por eso no hay amor.
Nos queda realmente formar una comunidad y abrirnos ante los ojos de los que no pudieron/quisieron participar de este juego frío y poco amigable, volver a recibir a los que se fueron, abrir puertas a todos. Porque quizás somos nosotros los que tenemos esas llaves en el bolsillo, pero las manos están tan cargadas de libros y apuntes que no cachamos. La cuestión no es solo un papeleo y un arreglo de formatos abstractos y sistémicos -los que puta que están mal hechos-, también es un tema humano. Lo convirtieron en un negocio y ahora nosotros somos los mejores exponentes del ciudadano empresario business worker, bien ocupadito de sus negocios-pruebas.
La acción, eso es. Solo así vendrá la reacción. Por el momento seguimos siendo parte de la exclusión.
Mirar-caminar-besar-oír-levantar-abrir-tomar-correr-danzar-gritar-preguntar-leer-ver-ojear-responder-amar-abrazar-pegar-mentir-lucir-tocar-analizar-saltar-caer-cerrar-reír-mostrar-contar

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